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El domingo la misa fue diferente y muy extensa, hubo tantos ruegos por el alma de la vecina, como si lo necesitara la soa. En su velorio estuvieron presentes incluso dos señoras que jamás habíamos visto. Según el padrecito, eran hermanas de la soa Juanita, vivían en el pueblo contiguo, pero jamás las habíamos visto ni de visita y la vecina tampoco las nombró nunca.

La vecina se llama Juana Romero y todos la conocen como la señora Juanita porque así le gusta a ella que le digan, es muy chismosa y en serio conoce la vida de todo el pueblo, aunque no creo que sepa de mi situación especial.

Desde muy niña he tenido visitas extrañas, he sufrido el acoso de algunos seres invisibles que no sé bien lo que son, pero yo les llamo “presencias”, así se sienten, así les digo. Sin embargo, con el paso del tiempo, he aprendido a hacerme la tonta, la desentendida; los ignoro, con la esperanza de que desaparezcan y me dejen en paz, pero eso no ocurre.

Un psiquiatra después de conversar conmigo una tarde entera resolvió que yo no soy una persona completamente cuerda ni mucho menos, estoy loca de remate, pero en mi conducta predominan unos rasgos llamados por el autor de dichas frases como psicopáticos.

- ¿Qué? - me dije a mi misma - ¿es que acaso soy una psicópata?

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