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En varias de mis reseñas literarias, les he presentado caso de escritores que comienzan a contar sus historias a modo de hobby, sin pensar que lo que están escribiendo, es tan bueno que puede llegar a convertirse en un éxito mundial y está vez, siguiendo la tónica, les traigo dos libros del escritor español Javier Castillo; “El día que se perdió la cordura” y “El día que se perdió el amor”, que como podrán adivinar por sus títulos, uno es la continuación del otro.

La visión pavorosa de lunas escuálidas me satura los ojos y la boca.

Mientras bajaba en el ascensor me puse el calzón, me temblaban las manos y las piernas, me sentía más nerviosa que cuando venía llegando hace unas tres horas, pero era diferente, el dolor de guata también volvió pero no era igual.

Para esta edición, les traigo una columna más personal, se trata de una selección de mis clásicos favoritos, esos libros que lees, y que vuelves a leer, por que dejaron algo especial en tu vida y que por lo general sueles nombrarlos en alguna conversación de libros.

Fueron segundos tan intensos, respiré profundo, sacudí mis brazos agitando mis manos como para relajarme un poco y salí. La verdad es que ya no estaba tan canchera, salí muy tímida de la habitación, me sentía tan colorada, con algo de pudor pero a la vez muy caliente, porque ambos hombres me miraron con lujuria. Te ves perfecta —dijo el asistente. Estás maravillosamente bien —dijo el fotógrafo. Yo estaba un poco encorvada hacia adelante, con las manos juntas a la altura de mi entrepierna, estaba depilada y todo, pero igual era plancha la situación. Las palabras que me dijeron me hicieron sentir mejor y hasta me enderecé un poco, me subió el ánimo y de pasadita me dejó con ganas de seguir en lo que estábamos.   

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