Detectado por telescopios en el norte de Chile, el asteroide 3I/ATLAS despierta debate en la comunidad científica por sus extrañas características y posible origen artificial.
Una nueva y desconcertante pieza se suma al rompecabezas del universo. Desde los cielos del norte de Chile, un grupo de astrónomos detectó un objeto que ha capturado la atención mundial: el asteroide 3I/ATLAS. No solo se trata del tercer objeto interestelar jamás registrado en nuestro sistema solar, sino que sus propiedades han llevado a algunos científicos a preguntarse si realmente es un cuerpo natural… ¿o podría ser una nave de origen artificial?
La detección se produjo gracias al sistema ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System), una red de telescopios que escanea los cielos en busca de objetos cercanos a la Tierra. Aunque este sistema tiene bases en Hawái y Sudáfrica, fue desde los observatorios chilenos donde se logró una de las observaciones clave que confirmó la extraña trayectoria hiperbólica de 3I/ATLAS, es decir, que proviene del espacio interestelar y no está ligado gravitacionalmente al Sol.
Según reporta el sitio especializado Space.com, el objeto fue visto por primera vez el 9 de febrero de 2025 y desde entonces ha mostrado comportamientos inusuales. Su brillo, forma y velocidad no encajan del todo con los patrones típicos de asteroides o cometas conocidos. Aunque no muestra signos evidentes de propulsión artificial, su comportamiento ha sido suficiente para que algunos astrónomos especulen con teorías más atrevidas.
Por su parte, el diario paraguayo La Nación señala que el objeto podría incluso haber llegado desde otra galaxia, lo que convierte su presencia en nuestro sistema solar en un evento extraordinariamente raro. Además, plantea la pregunta que cada vez más voces se atreven a formular: ¿y si no estamos ante una roca interestelar, sino ante tecnología de origen desconocido?
Si bien la ciencia necesita pruebas contundentes antes de afirmar un origen no natural, la sola existencia de 3I/ATLAS nos recuerda cuán poco conocemos aún del universo. ¿Podría ser este un fragmento errante de otro sistema estelar? ¿Una reliquia alienígena? ¿O una señal de que no estamos solos?
El misterio está ahí, flotando en el espacio. Y como siempre, la última palabra la tendrá el tiempo... y la ciencia.
