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PRESENCIAS Capítulo 1 - Por Katha Morgan Featured

PRESENCIAS Capítulo 1 - Por Katha Morgan Foto de Personas creado por bedneyimages - www.freepik.es

Desde muy niña he tenido visitas extrañas, he sufrido el acoso de algunos seres invisibles que no sé bien lo que son, pero yo les llamo “presencias”, así se sienten, así les digo. Sin embargo, con el paso del tiempo, he aprendido a hacerme la tonta, la desentendida; los ignoro, con la esperanza de que desaparezcan y me dejen en paz, pero eso no ocurre.

Incluso, me acerqué y me apegué mucho a la religión también, ya que mi madre me llevó a la iglesia cuando era pequeña, con la idea de que el sacerdote me ayudaría. De hecho, hasta el día de hoy me mantengo apegada a la religión, por seguridad y con el fin de deshacerme de esta especie de maldición. Por lo general, no le cuento esto a mucha gente, trato de ser normal, pero quiero que sepan que los conocidos me escuchan y compadecen, y los desconocidos me recomiendan dedicarme a la adivinación o algo similar, porque como siento estas presencias, ese “don” podría ayudarme a “limpiar” casas, descargarlas de malos espíritus o cosas así.

A medida que fui creciendo dejé de ser tan miedosa. Al principio me asustaba porque las “presencias” me empujaban, me jalaban el pelo, y eso me dolía; pero cuando llegué a la adolescencia eso cambió. Dejaron de golpearme y empezaron a meterse a mi cama. Cuando me cambiaba ropa sentía que tocaban mi cuerpo y de manera lujuriosa; si tomaba una ducha sabía que estaban ahí, los sentía deslizarse por mi cuerpo jabonoso. Cambiaron las agresiones por tocaciones, y el dolor por placer.

Como me apegué tanto a la religión, asisto regularmente a la iglesia con mi madre, y soy parte de una congregación que no sabe lo que me pasa pero que me aceptan, así como soy, tímida y callada. Cuando tenía catorce años, conocí a un joven muy apuesto y amable, tan simpático que me hizo caer rendida a sus pies rápidamente. Él tenía diecinueve en ese entonces, pero la diferencia de edad no fue importante. Una tarde, en que asistí sola a la iglesia, a ayudar con la limpieza, él me acompañó a casa, mamá no estaba y lo invité a pasar a pesar de ser algo impropio. Se comportó como un caballero, pero las presencias estaban ahí. Me hice la desentendida, traté de que no me afectaran, pero empezaron a tocarme la entrepierna mientras estaba sentada en el sillón. Mi invitado me conversaba de los planes para el fin de semana con otros jóvenes, de la congregación, pero yo no lograba concentrarme. De pronto él dejó de hablar y se cambió de asiento junto a mí, muy cerquita como adivinando lo que yo estaba sintiendo y me dijo que si yo lo permitía él podría darme un buen beso. Obviamente le dije que sí de inmediato, y me lancé sobre él. Nos besamos mucho y yo sentía que me manoseaban completa, abrí los ojos en medio del beso sólo para darme cuenta de que las manos del joven seguían quietas, una sobre el respaldo del sillón y la otra sobre su rodilla. Comprendí que las “presencias” eran las que me tocaban, y se sentía bien.

El beso terminó y yo también. Sonrojados y evidentemente excitados, nos levantamos del asiento y el joven se quiso ir, lo acompañé a la puerta, y justo cuando iba saliendo venía la vecina con sus compras. Mi amigo se apresuró a ayudarle con las bolsas y la señora, que se sabe la vida de todo el mundo y si no la sabe la inventa, no dejó de mirarme con su cara de reproche que me hizo sentir avergonzada. Nos despedimos y se fue. Supongo que ya saben lo que pasó; mi madre y todo el barrio, y hasta la congregación completa se enteraron de que yo recibía visitas en horas no apropiadas, de un varón mayor y a solas. Se dijo de todo sobre mí. Fue triste pero no era primera vez que pasaba, y no sería la última. Cuando la gente no tiene de qué hablar, hablan de la gente que no tiene qué hacer. KM

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Last modified on Sunday, 13 June 2021 22:43
Katha Morgan

Rockera de corazón. 
De profesión docente y actriz.
De oficio escritora, locutora y productora radial.
Siempre ligada a las artes.

satiraradio.wixsite.com/website
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