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En la medicina tradicional, las enfermedades están consideradas como producto de una pérdida del homeostasis, que corresponde a la tendencia que tiene nuestro organismo a mantener el equilibrio de los medios internos. En otras palabras, nos enfermamos cuando nuestro cuerpo pierde la capacidad de mantener el equilibrio interno de los procesos que lo componen produciendo un mal funcionamiento de este.

En la cultura mapuche, el concepto es similar, aunque inmensamente más amplio y complejo ya que ellos consideran que una pérdida del equilibrio con la naturaleza en el plano físico y espiritual son causantes de dolencias y enfermedades y es ahí donde la figura del machi genera relevancia dentro de la cultura mapuche.

Todo lo que sea la ruptura de la armonía que los individuos puedan causar trae consecuencias en la salud, lo que incluye conflictos familiares, peleas entre vecinos, falta de alimento para animales, dañar la naturaleza de forma consiente e incluso no respetar los lugares sagrados ni los seres que ahí habitan.

El mapuche comprende dos realidades, la ordinaria y la no ordinaria, esta última corresponde al plano energético-espiritual que interviene positiva o negativamente en la primera. Aquella amplia consciencia los hace más sensibles ante los impactos de las energías y espíritus negativos, mientras que el hombre occidental, al no ser capaz de percibir la realidad no ordinaria, no se da cuenta que está siendo afectado por energía intrusiva hasta que comienza a desarrollar efectos patológicos que los atribuirá a la casualidad de la vida ordinaria.

 

Para curarse de las enfermedades, la cultura mapuche desarrolló un sistema que reestablece el equilibrio considerando que el cuerpo está interconectado con la espiritualidad, las emociones y los pensamientos, sanando la raíz del problema y no sus efectos o síntomas. Este proceso está encaminado por un grupo de personajes como las machis quienes actúan como puente directo con los espíritus creadores y protectores conectándose con la realidad no ordinaria, también está la lawenche quien conoce las propiedades de las hierbas medicinales, la ngütamchefe quien conoce las funciones de los huesos y es quien compone fracturas y luxaciones y la püñeñelchefe correspondiente a la persona encargada de los procesos de parto y maternidad. Aunque usualmente el término machi esta asociado a una mujer, este papel de sanador, así como otros, también lo ejercen hombres.

Las machi portan consigo las creencias mitológicas y la experiencia ritual, siendo también intérpretes de instrumentos musicales, poesía chamánica y danza tradicional, actuando como guía espiritual, juez, terapeuta y profetiza, teniendo que sortear una serie de pruebas rituales para ser iniciadas en su función, llevando un camino místico que significa pasar por una muerte simbólica, una ascensión a la región celestial y un segundo nacimiento en el plano medio donde habitan los humanos, volviendo como un ser trascendente.

 

Cuando un mapuche necesita reestablecer su equilibrio y armonía debe recurrir a un machi quien intercede ante los espíritus para llegar a un acuerdo con ellos, manejando también remedios naturales debido al apoyo y la sabiduría que adquiere de estos espíritus. Así también, cada machi va a ejercer un rol de mayor o menor relevancia en su comunidad dependiendo de su tipo de llamamiento, su relación con sus pacientes, por la etapa de la vida donde se encuentra, el resultado de sus prácticas e incluso la situación social que viven.

Si piensas que el equilibrio de tu vida ha sido alterado perdiendo consigo la armonía, quizás debas considerar visitar a un machi en su comunidad y tal vez, entre la naturaleza, mitología y la espiritualidad mapuche puedas encontrar la respuesta a esa interrogante que te acongoja. 

Fuente https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-95532004000100002